Al volver a mi casa luego de la sesión de sexo, sentía caer el esperma del acosador de mi ano y mi bombachita empapada y pegajosa. Sólo eso -sentir el semen desparramado en mi ano y bombachita- fue suficiente para que no se me baje mi infantil pijita durante todo el camino a casa.
Llegué y me masturbé recordando cómo me cogió el acosador mientras estaba vestidita como una prostituta. Se me vino el recuerdo del gusto del semen del taxista (ver primer relato) y la sensación de su grueso miembro acabándome en la boca y eso disparó mi eyaculación. No había vuelta atrás, me encantaba ser un...
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