A mí no me agradan las tardes lluviosas. Las odio, siempre las he odiado.
Y esta misma tarde, una tarde lluviosa como las que tanto odio, mi madre me jode para que vaya a la carnicería. Hoy las odio mucho más.
¿Para qué quiere ella que le compre carne triturada? ¿Para hacerle sus chimoles a mi estúpido padrastro? A él también lo odio, y a ella más. Ella no lo sabe, pero él le está viendo la cara. Lo trata como a un rey, le sirve las mejores viandas, le cumple todos sus caprichos...
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