Después de mi experiencia inicial con un hombre, con Gerardo, cuando ambos teníamos catorce años, comencé a estar con chicas, las cuales provocaban en mi un deseo irrefrenable de poseerlas, tocarlas y si era posible, tener sexo con ellas. Por supuesto, en la época de la adolescencia uno ocupa su mente permanentemente en el sexo aunque el exito en la materia suele ser practicamente nulo. O por lo menos, en mi caso, no concretaba relaciones sexuales satisfactorias con las chicas. Eso sucedió mucho tiempo después. Pero esa es otra historia.
Con Gerardo había pasado momentos del...
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