Llegó rengueando y todo vendado, era el miedo que siempre me acompaña cuando sale a la cancha.
Pero bueno, no parecía muy grave, pero lo dejó inmovilizado en la pierna derecha, que debía permanecer sin flexionar la rodilla.
Lo feo estaba en un corte, a la altura de la cadera, que aun no se había limpiado el barro del partido.
Tiró su bolso, se arrastro hasta su dormitorio y se dejo caer en la cama.
- Maaaa… gritó abogándose con la almohada.
Subí y me pidió que me si le podía limpiar un poco el corte, que en el club no le dieron bola al corte, solo se fijaron en la rodil...
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