A la mañana siguiente Marie se levantó tarde. No fueron a buscarla hasta el mediodía. La celadora que entró en su celda vestía pantalones ceñidos y unas botas de montar que le llegaban por encima de la rodilla. Una blusa ancha y transparente, medio desabrochada, que se recogía en un grueso cinturón de cuero, dejaba los senos, firmes y erguidos, totalmente visibles a través de la tela. Llevaba una fusta de cuero marrón en la mano.
Antes de desencadenar a Marie, se inclinó hacia ella y le rozó suavemente los labios, que Marie, dócil, entreabrió, aunque la celadora no se dignó a penetrar e...
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