Sofía era sencillamente exquisita, se decía Claudio cada
vez que pensaba en ella. De 20 años,-cuatro años más que Claudio - alta, de
piel clara y pelo negro azabache. Encandilaba con sus ojos verde agua. Tenía
una cintura estrecha, piernas largas, caderas redondeadas y un maravilloso par
de senos abundantes. De hecho, los deliciosos pezones se notaban a través de
sus blusas ajustadas, haciendo que Claudio sintiera incómodas erecciones cada
vez que la tenía enfrente.
Era hija de su madrastra, con quien su padre llevaba casado
algo más de un año. Y desde e...
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