Cuando Andrea acepto encontrarse conmigo sabía indirectamente que no podría escapara a tener sexo. Lo que no se imaginó es que después del primer polvo unos masajes relajantes la fueron distendiendo tanto que cuando mis manos con un lubricante acariciaban el valle de su cola ya estaba perdida.
Suavemente el dedo índice fue penetrando su rosado agujero cada vez con mas profundidad,y al cual enseguida siguió el dedo mayor. Cuando ambos dedos entreaban y salían sin esfuerzo, comenzó a quejarse lentamente, pero ya sus piernas no le respondían. Estas se abrían contradiciendo el no que salía ...
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