Había una casa al lado derecho del sendero. La miré atentamente y entonces me di cuenta de que había una ventana abierta de par en par, en la que se presenciaba una preciosa escenita. Había una cama de matrimonio y sobre ella dos mujeres desnudas, ambas rubias, besandose y acariciando entre si sus esculturales cuerpos. Yo miraba con cuidado para que no me pillaran, y vi en el otro lado de la casa, donde estaba la entrada, a una morenaza increíble, que abrió con llave propia. Cuando entró en la casa mis ojos se fueron de nuevo a la ventana, donde seguía la fiesta.
La morena entró en la habit...
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