La música suena en las calles, que parecen las de la vieja Roma gobernadas por Calígula. Mis amigas, sobrinas, hijas, hermanas y mi madre, y todas las mujeres que conozco en el pueblo, jóvenes, desnudas, como poseídas por algún espíritu del placer, inician una bacanal, permitiendo que todos copulen con ellas. Hasta mis peores enemigos las van poseyendo. Ellas, al contrario de llorar, gozan como locas, gritan pidiendo más sexo y eso poco a poco me va gustando, y deseo que las posean más y que las gocen más y ellas con ellos.
Las poseen en mi casa, que se convierte en un prostíbulo...
Cantidad total de caracteres: 1749
Leer todo el relato erotico |
Reportar abuso
Enviar relato a un amigo
Escriba sus comentarios
Debe iniciar sesisn para escribir sus comentarios