Pero cuando Kunta sale de la precaria choza de paja
desde la cual oímos gritos y quejidos durante toda la
noche, declara humildemente que Okuto es grande, sí,
pero que poco tiene que hacer frente a los formidables
totems de carne de los primitivos aldeanos que
accedieron gustosos a hacerle una demostración.
Los nativos han sido muy atentos con nosotros
(sobretodo con Kunta, maldito, que se ha llevado la
mejor parte), pero sólo han querido enfiestarse a
Kunta y no a nosotros, ya que para eso quieren que
hagamos algo por ellos primero.
Es que una mu...
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