Los siguientes días fueron los mejores en toda la vida de David. Las cintas subliminales se convirtieron en algo imprescindible. Poco a poco, comenzó la re-educación de su mujer.
Primero fue la actitud ante su trabajo. Comenzó a verlo como un empleo maravilloso. Era lo que su marido siempre había querido, por tanto era lo mejor para él. No solo no volvió a criticarlo, sino que lo apoyaba ante cualquiera que se metiera con él.
El siguiente paso fue la forma de vestir. Cuando llegaba a casa, Sonia seguía quitándose la ropa que vestía para trabajar, pero tan solo para sustituirl...
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