Con aparente calma, casi como si practicara un estudiado strip-tease, María se desabrochó la camisa. Miró su reflejo en el espejo de su habitación y apenas se reconoció. A través del hueco de su camisa a medio abrir se vislumbraba una pequeña parte del sujetador. Apenas hacía diez años que aquella misma maniobra había sido capaz de producir una inmediata erección en su marido, cuando todavía eran novios. Diez años...
Lentamente, sin dejar de mirar su propio cuerpo en el espejo, deslizó la camisa por sus hombros y la dejó caer al suelo. El sujetador que llevaba era blanco. Poco excita...
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