El apareció por nuestro valle aquel caluroso verano, venía montado en su
caballo prieto con manchas blancas, desde lejos se podía apreciar que no era
un hombre común. Su cuerpo era demasiado grande para ser real. Mientras se
acercaba a nuestro rancho pude fijarme en sus facciones indígenas y en las
enormes proporciones de su cuerpo. Su cara mostraba unos negros ojos
entrecerrados pero vivos, del mismo color que su negra cabellera, unos pómulos
fuertes y marcados al igual que su mentón y una enorme cicatriz que iba desde
el lado de su ojo izquier...
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