Siempre me a gustado travestirme, desde mi infancia como un
juego, la excitación de descubrir lo prohibido en mi adolescencia y el
despertar al placer durante mi joven vida adulta.
Lo que les relato en estas líneas son los comienzos de ese
sinuoso camino de mi adolescencia, en donde descubrí el inmenso placer que
recibía al vestirme con ropitas de mujer.
Esas largas horas recorriendo los cajones en busca de ropa de
mis hermanas o de mi madre, de probarse, arreglarse maquilarse y que terminaban
en el tremendo gozo de una masturbación vestida de mu...
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