Era compañera de trabajo, recepcionista. 20 años, morocha con carita de muñequita y ojos grises. Un cuerpo que parecía dibujado con una cola respingona, redondita y bien parada. Una cintura angosta y lo mas glorioso, su par de tremendas tetas. Se llamaba Pamela y yo le decía Pamelita a sus dos hermosos globos.
Verla caminando de atrás con sus suaves y cadenciosos movimientos era casi orgásmico. Se vestía con ropa algo provocativa siempre. Si no era una falda corta que dejaba a descubierto sus hermosas y torneadas piernas, era una blusa escotada o súper ajustada. Los pantalones le quedab...
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