Si semanas antes, en la ciudad olívica, se sentía a águila roja agudizando por las calles de Vigo, unas semanas después, en otra villa, volvíamos a la edad media.
Había caballos, jinetes, mujeres y hombres. Iba cómodamente habilitada la condenada a muerte. Iba el verdugo, con un mango torcido y de roble o carballo, vaya chapuza. Iba el conde y el rey. Iban los peones de ajedrez y los toneles calle arriba en la carrera de cada año.
Pizza a la antigua, comida a la antigua, y un calor sofocante. Pocos días después, el lunes siguiente, uno de los disfrazados que tantos siglos había ...
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