Mi nombre es Antonio. Éramos un matrimonio feliz. La vida iba tirando, con sufrimiento, pero poco a poco, íbamos saliendo mes a mes, sin grandes alardes, gracias a nuestro pequeño negocio, una tienda de comestibles que mi mujer (Ana) quiso montar para ganarnos el sustento. No era una calle muy comercial, tan solo un par de negocios mas, en concreto uno, al lado, una tienda de fotografía dirigida por Manuel, un hombre de 52 años, bastante gordo y soltero. Él tenía ya clientela fija y siempre se le veía manejar el dinero con facilidad. No le faltaba de nada.
De vez en cuando lo visitaban ...
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