A los trece años ya sabìa que era bien putito, y aunque era virgen hasta de la oreja me la pasaba mirando bultos e imaginando porongas que me rompìan bien el orto. Me pajeaba pensando en machitos que me calentaban y les inventaba vergas terribles y eternamente duras.
El fondo de mi casa daba a un terreno abandonado en donde los pibes del barrio jugaban al futbol, y descubrì para mi alegrìa, que por la tarde , a la hora de la siesta, tres machos de 17 o 18 se mataban al sol meta y dale a la pelota.
A partir de entonces me instalaba todos los dìas a mirarlos y admirarlos a travès d...
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