Recuerdo la primera vez que me enamoré. Ella era bajita, morena, con la cara
ligeramente manchada con rastros de la varicela. Se llamaba Cristina. Recuerdo
ante todo su nariz imponente. De forma angular, me recordaba a como Uderzo le
había pintado la nariz a Cleopatra en una aventura de Asterix por Egipto.
Cristina era hija única de una familia compuesta por ella y su madre. Su
madre, una mujer mas bajita que ella pero de gestos francos y cariñosos, se
llamaba Cristina también.
Madre soltera desde siempre, la recuerdo apoyada en el alfeizar de la ve...
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