Esta vez les quiero contar lo que me sucedió con una espléndida muchacha morena que a finales de julio se instaló en un piso delante de mi casa. Recuerdo cuando llegó a su nueva vivienda porqué a partir de ese día todas las noches pasaba un par de veces por delante de mi ventana corriendo, ya que le gustaba el deporte y la verdad es que se mantenía en muy buena forma.
A pesar de la falta de luz, la oscuridad no impedía ver que gozaba de un cuerpo fuerte y atlético pero a la vez delicado y aristócrata. Esta clase la mostraba cómo corría, ya que sus movimientos eran sencillos y relajados ...
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