— Acostaste Sebastián—gritó su Mamá desde el pasillo que comunica del living al dormitorio matrimonial— qué mañana temprano siguen jugando con Daniel a la playstation.
A pesar de mis diecinueves años, por primera vez sentí una sensación rara, advertí que el mundo estaba lleno de misterios. De modo que no pensaba en los juegos, sino en la mamá de Sebastián. Por la madrugada, puesto que todo fuera un mundo en silencio, salí del dormitorio a merodear por la casa en penumbras. Fui directo a la cocina, abrí el frigorífico y cogí dos cervezas y un emparedado de jamón y queso. Me senté en el s...
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