No sabia exactamente en que lugar de aquella ciudad me encontraba, la carretera cada vez se hacia más oscura, y parecía no tener fin. El frío empezaba a calar mis huesos, y mi mente solo pensaba tomar algo caliente, algo que me pudiera devolver la calidez a mi cuerpo, entumecido ya, por la humedad de la noche.
De repente, mi vista ya cansada por la fijación a la carretera, creyó divisar a los lejos unas luces, y un consuelo extremo reconforto mi cerebro, y con la esperanza que aquellas luces, no fueran un simple espejismo de necesidad, y pude comprobar que no eran ficticias, si no reale...
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