Como todos los sábados volvía del potrero caminando hasta mi casa, había quemado mucha energía tenia las pantorrillas solidamente entumecidas, a su vez venia cebado de una contundente victoria frente al rival. Las 30 cuadras hasta mi casa forman parte del entrenamiento pero esta vez fue diferente. Fue necesario hacer una parada en el camino. Lo pedían mis pantorrillas. Y me senté en el banco de un parque contiguo. Era invierno y ya había caído la noche. Aparentemente el parque estaba desierto. Estuve allí por 20 minutos cuando de pronto pasa un tipo tal vez 5 años menor que yo y yo tengo 28 añ...
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