Cada vez pasaba por la puerta de aquel cine porno no podía evitar que mis fantasías se dispararan, imaginaba la posibilidad de encontrar tipos calientes con sus pijas duras, necesitando saciar su calentura en mi boca y mi culo. Desconocía como era ese lugar adentro y me intimidaba el proceso de entrar y el trámite de sacar la entrada, hasta que un día mi calentura pudo más.
Me decidí y entré, en la ventanilla me dieron el ticket por la módica suma de 10 pesos y otro señor muy amable me dió el programa e indicándome en cuales salas proyectaban las películas gay y cuales las heterosexuales. ...
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