La sentí apoyada en mi hombro, el olor de su perfume me cautivó, era mi amiga y confidente y sus cálidas manos acariciaron mi pelo, estaba triste y sin ánimos, pero me convenció que la acompañara a su casa, vivía sola y su bar nos ofreció un sin numero de tragos deliciosos, los cuales agradecí enormemente en aquel momento de tristeza.
La noche se hizo presente y mi cabeza dio muchas vueltas, por momentos creía verla entre nubes y reía intentando descifrar lo que le decía, mas tarde quise volver a mi casa, pero me convenció de quedarme a alojar con ella,...
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