Tal vez fue un pálpito de soledad, un sexto sentido, una atracción oculta, o no lo sé. Lo único que hoy puedo decir es que ocurrió.
Al principio, cuando lo conocí, me era algo antipático. Había en su cara un cierto aire de superioridad que le hacía verse diferente. Tenía una apariencia altiva, aunque ya tratándolo en realidad era bastante sencillo.
No supe ni cómo nos fuimos envolviendo en la vorágine irracional de los deseos que poco a poco, casi sin que lo sintiéramos, nos llevó al extremo que contaré. V...
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