Estaba a la espera, era un sueño imposible pero gozable, desde que la conocí me llamo la atención, su jovialidad, su comportamiento de dama bien educada, pero con poco sexo, su muestra de mujer vivida con respeto, empero, con la expresión escondida en sutileza de aventurar con pasión y entrega. La oportunidad de cogerme a mi suegra al fin se presentó. Tenía años de pololeo y como cinco de casado, habia dormido en su casa, habia disfrutado de su atención y de sus paseos en bata y algunas veces a escondidas en lencería. Me cogía a mi mujer con desgano, sólo pensaba en poseer a su madre. La verda...
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