Llego con el alba. La chica había madrugado para estar a tiempo en la parada. Se sabía esperada, deseada, ansiada en el toque. Y, fiel a su promesa, con todo el disimulo, y para ofrecerse como solo ella sabía, mismo antes de coger el bus, se quitó la braguita y la colocó en la cajita que él le regaló al efecto. Así, viendo en la tele, una peli de vidueo, recorrió los escasos veinte kilómetros que le separaban de su amor.
Hola, cariño.
Hola. A donde vamos.
Vamos a tomar algo, antes, a menos que donde me lleves tengan...
Puntos suspensivos, silencio.
Caminaron juntos, pero se...
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