Iba a mi trabajo y me tropecé con Marina. Marina, de treinta y pico años, identidad oculta, de la que solo conozco el nombre, porque me lo dijo, y es portuguesa.
Iba con tiempo. Y ella necesitaba un euro para desayunar. Asi que, ni corto ni perezoso, la sugerí ir a un bar de esos a los que van pocos, con el servicio en otro plano, y pedir al camerero un suculento desayuno para ella. No había muchos clientes, que es un decir.
Después, la miraba. Ella se dio cuenta y nos fuimos al servicio. Para mi sorpresa, se metio en el mismo servicio que yo, el de caballeros. Yo ha había pagado an...
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