Aquella solitaria calle era el lugar menos pensado para lo que ahí ocurriría. Mis prisas por llegar a la Universidad no me permitían ver a mis alrededores así que apresuré el paso y me dirigí a tomar el autobús. Casi al llegar a la esquina una mujer arriba de cuarenta y cinco años me hizo una seña para llamar mi atención. La ví y me detuve.
Su auto estaba averiado, y ella no sabía que hacer. Me dijo que le había salido humo y que no tenía forma de llamarle a su esposo para que viniera a ayudarla. Me mostró su radiador e identifiqué la falla, misma que ya me había pasado antes con el a...
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