Tenia ganas de marcha. la plazuela de eduardo chao estaba vacía, y ella, allí, a pocos metros, sentada sobre un banco y sus bolsas. su marido, cerca. se me ocurria la idea de que me hiciera una mamada, o una pajita, era todo lo que se me antojaba en aquel primero de mes.
marina, la chica que tantas veces había yacido con ella, y de la que incluso desconfiaba de su hijo, el cual no me dejó ver, estaba un poco inquieta, así que me acerqué por detrás, la hice una seña y la envié en donde tiempo atrás me había aliviado la tensión un tanto.
ve al arrondos.
esta cerrado.
ya lo sé, pe...
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