LLegamos al fin a mi casa. No estaban mis compañeras de piso. Perfecto. Aunque si hubieran estado, me hubiera dado igual, ya están acostumbradas a verme entrar y salir. No se escandalizarían por nada a estas alturas.
Entramos rápido, corro las cortinas. Me va embistiendo por detrás. Sé que lo está deseando, pero le hago parar empujándole hacia la cama.
Va tan acelerado que ya se ha medio abierto la camisa, y jadea sólo con pensar lo que me hará a continuación. Me sigue con la mirada atentamente. Yo le veo de reojo, se ha empezado a masturbar.
Me comienzo a poner muy cachonda, aunqu...
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