Cuando me vestí aquella noche para salir, sabía perfectamente que algo grandioso iba a suceder. Este no era un sábado común y corriente, no, este era uno de esos días en los que salía de casa dispuesta a gozar a lo grande, por lo que me había vestido a conciencia: ¡mucho rimel, poca falda y al diablo la ropa interior!
Salí de casa pasadas las doce de la noche, con una mini falda blanca, y una ajustada camiseta de tirantes del mismo color y por supuesto, sin nada debajo. Una piruleta en la...
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