Cuando Marta y yo llegamos al chalet de Helena, era pasado el mediodía, el calor era insoportable añadido al grado de humedad, el ambiente era prácticamente irrespirable.
Detengo el coche delante del portalon, y hago sonar el claxon y aparece Helena corriendo con una preciosa sonrisa a abrirnos, sacamos la maleta y entramos en la casa. QUE gozada¡¡¡¡¡¡¡ aire acondicionado y un enorme vaso de limonada, que bebimos de un trago. Marta es amiga mía desde hace años, nos conocimos trabajando en un club de Madrid, donde ella tenia un e...
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