Después de haber visto la tremenda sesión de sexo entre mi esposa y Sandro y
haber tenido el más increíble orgasmo de mis últimos años sin siquiera
tocarme, lo que más me sorprendía era mi sensación de ajenidad. No estaba
siquiera molesto con la situación; en ningún momento sentí rabia o celos;
simplemente seguía con una calentura que volaba y no terminaba de entender
el porqué de esa reacción cuando si alguien me hubiera planteado lejanamente
la posibilidad del sexo extramatrimonial de mi esposa uno o dos días antes,
le hubiera partido la cara de una trompada.- Sea como f...
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