El recuerdo de Mónica, nunca se ha borrado de mi mente. Su alejamiento sin
explicación alguna, es un misterio que me persigue diariamente en esos momentos
de evocación antes del sueño. Allí en la tibieza del lecho que tantas veces
compartimos, su recuerdo adquiere dimensiones físicas casi reales, siento su
proximidad, su aliento en mi cuello, sus piernas buscando las mías y sus manos
entregándose al juego subyugante de acariciar mis pechos.
En esas noches solitarias, yo misma, objeto de mi pasión, ardiendo, como una
antorcha, acompaño su recuerdo con las ma...
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