Una tarde de sopor, navegando por la red, me encontré con su relato. Por
aburrimiento, o quizá por curiosidad decidí contestarle, abriendo una ventana
a este mundo virtual, y casi ficticio que se escondía detrás de la pantalla.
- Quizá puedas mandarme unas fotos, (así pondría límites a esas
fascinantes historias que contaba nuestra misteriosa protagonista)- le escribí.-
Inspírame, y te devolveré otra historia.
Así es como empezó la inesperada aventura, ya que a los pocos días ella me
mandaba una serie de fotos, en las que se confirmaba con rotundida...
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